Guitarras de juguete de Tisaleo, Don Wilson

En Tungurahua los niños juegan con canicas, trompos y cometas. Pero en Tisaleo juegan con las pequeñas guitarras del Taller Don Wilson.
 
 
 
 

¿Qué debes saber?

  • El taller Don Wilson, ofrece guitarras de juguete en 4 diferentes tamaños. Desde la más pequeñas que cuestan 30 dólares la docena, hasta las más grandes que cuestan 60 dólares la docena.
  • Las que más se venden son las intermedias, a 35 dólares la docena. Se venden en todo el Ecuador a través de distribuidores locales.
  • Su local está ubicado en el Barrio 10 de agosto, en la calle Simón Bolívar y República. Para llegar al taller desde el parque central de Tisaleo, camina 2 cuadras en dirección a la Panamericana Sur, y en esa esquina sigue 2 cuadras a mano derecha.
  • Don Wilson atiende de lunes a domingo de 08h00 a 18h00.

3 generaciones de guitarreros

Las familias de Tisaleo viven marcadas con una vieja tradición, que pasa de generación en generación. Tradiciones que van cambiando, que mutan, pero que conservan una misma esencia: amor al arte. Este es el caso de la familia Labre, cuyo abuelo hizo fama, al tocar la guitarra en cada una de las fiestas populares de Tisaleo. Su hijo Luis Alberto Labre, quiso dejar un legado diferente, prefirió cambiar la rumba y la pachanga, por el aserrín y las herramientas, siendo uno de los primeros guitarreros de Tisaleo.

Fue en este taller, donde transcurrió la historia de su hijo: Wilson Labre. Fue en ese taller donde el amor al arte se matizó con los sonidos del serrucho, del martillo, pero principalmente con los sonidos de pequeños golpes, que Luis Alberto les daba a sus guitarras, para revisar si la madera ya estaba seca. Este amor nació entre juegos con canicas, trompos y cometas y de a poco, se transformó en un oficio, pues la condición que tenía para salir a jugar, eran pequeñas tareas, como la de pegar los dientes en las cajas de las guitarras que fabricaba su padre.

Cuando le encargaron la primera obra

Wilson recuerda con alegría la montaña rusa de emociones que vivió a los 10 años, cuando recibió su padre, su primera obra: “una docena de guitarras para niños”. Cuando Wilson las terminó, llegó una emoción más fuerte: “ahora debes venderlas”. Él recuerda como por las calles de Ambato, de la mano de su padre, caminaba a paso acelerado, rumbo a hacer, su primer negocio. En la tienda de Don Piedrahita, vio por primera vez como se vendían las guitarras de juguete, recuerda como su padre, con orgullo mostraba las guitarras de su hijo, como sacaba pecho y con alivio le contaba a su cliente, que su oficio no moriría con él.

¡Que emoción!, el esfuerzo de Wilson, ahora era dinero que terminó en su bolsillo. Recuerda como su padre le pregunto: ¿y ahora que vas a hacer con esa platita? Wilson se ríe, pues confiesa que su amor por las guitarras era tan intenso, que no dudo en usar esos sucres para comprar más materiales, no para herramientas, pues tenía todo un taller para él. Esta montaña rusa de emociones nunca terminó, al contrario, marco el inicio de una competencia entre las cosas de la vida y las cosas del amor.

  • De la vida, como la escuela y el colegio, del amor como cuando vendía a escondidas del inspector, guitarras a sus compañeros.
  • De la vida, como cumplir con la conscripción, del amor como cuando se casó.
  • De la vida, como trabajar en un empleo seguro, en una fábrica de vidrios, para dar estabilidad a su familia.
  • Del amor, sí, porque después de 12 años, el amor triunfo y Wilson regreso a las guitarras.

Cuando volvió a ser niño

Tenía 30 años, cuando puso su taller, pero no para hacer las guitarras y requintos que hicieron famoso a su padre, Wilson abrió su taller para hacer las mismas guitarras que hizo de niño, esas que le encargó su padre: las guitarras con los que los niños se enamoran del arte.

Wilson ha traspasado su arte a más de 6 compañeros, con los cuales desde Tisaleo, mantienen viva la tradición cultural de la provincia de Tungurahua, donde no solo se juega con canicas, trompos y cometas. Wilson sabe que los guitarreros son importantes para Tisaleo, pues a través de ellos, la gente conoce de donde son sus raíces, de donde nace su amor por el arte. Wilson sabe que los guitarreros son importantes para el turismo, pues son sus guitarras las que le dan identidad a su pueblo, tal vez por eso cuando los turistas visitan su local, vuelve a tener 10 años para hacer una nueva venta.

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