Restaurante Riberas El Descanso en Píllaro

Anímate a pescar unas ricas truchas y a participar en su preparación con productos cosechados en fincas agroecológicas de la parroquia San Miguelito del Cantón Píllaro de la provincia de Tungurahua.
 
 
 
 

¿Qué debes saber?

  • Restaurante Riberas El Descanso está ubicado en Píllaro, parroquia San Miguelito en el valle Quillán.
  • Ofrece kits de productos agrícolas y truchas crudas para llevar.
  • Los comensales pueden además practicar pesca recreativa y ver en vivo y en directo como estas se preparan con técnicas disponibles para su elección: chicharrón de trucha, trucha frita, asada, al vapor, en salsa criolla, a las finas hierbas y la especialidad de la casa trucha "al Descanso".
  • Los productos agrícolas utilizados en la preparación provienen de las fincas agroecológicas de la misma comunidad; su garantía es un producto libre de químicos y repleto del cuidado de cocineros que trabajan con un profundo sentimiento de responsabilidad con la comunidad y con la naturaleza.
  • Caldos de gallina se sirven los sábados y domingos.
  • Sus platos están disponibles desde los 4 dólares.
  • Atienden de lunes a domingo de 10h00 a 17h00, también bajo reservación y cuentan son servicio para llevar.

Tras las huellas de Monseñor Leonidas Proaño

Los ojos de Anita María Bonilla, se encienden de emoción cuando le preguntan sobre el origen de su restaurante. Sonríe y toma aire para contar en pocos minutos una historia de superación comunitaria, que lleva ya, más de un cuarto de siglo.

Ella recuerda como su abuelo, un campesino de la parroquia San Miguelito en el valle de Quillán del cantón Píllaro de la provincia de Tungurahua, allá por los años 80 amaneció un día con la idea loca de ponerse un restaurante. Pequeñito, así recuerda Anita a esa primera versión de su negocio, que recogía los anhelos que su abuelo había aprendido de Monseñor Leonidas Proaño. Anita se llena de emoción al recordar como desde esa época, nació en su comunidad la firme idea del desarrollo comunitario, la fiel convicción de que el futuro de su pueblo dependía del esfuerzo y perseverancia de los mismos campesinos.

Luego de la sonrisa, un aire de nostalgia invade su voz, pues como nos cuenta, no fue nada fácil construir prosperidad. Al inicio los campesinos dudaban de su capacidad, sentían miedo o tal vez vergüenza al pensar que eran ellos los destinados a atender a los turistas que llegaban de todas las regiones del Ecuador en busca de saborear unas buenas truchas. Anita recuerda como el primer cocinero del restaurante, le decía:

  • “Anita, venga aprenda a cocinar, usted está joven, tiene ojitos claros; yo soy un simple campesino, los turistas no van a creer que soy yo quien prepara estas truchas tan exquisitas”

Anita piensa como esa simple frase resumía siglos de temores, dudas y complejos que impedían el desarrollo de emprendimientos productivos. Luego de la nostalgia nuevamente la emoción regresa a su rostro, pues con firmeza afirma que “ya llovió, desde aquel chaparrón hasta hoy”: Si usted le viera ahora a nuestro compañerito, con muchos más años encima, pero bien guapo, luciendo orgulloso su uniforme y mostrando a todo el mundo, que son sus manos las que preparan las mejores truchas de la Sierra centro del Ecuador.

Era cuestión de tiempo que alguien al fin creyera en nosotros

El camino recorrido en más de 25 años, está decorado con el esfuerzo de propios y extraños, ella recuerda como en el 2007, el Honorable Gobierno Provincial de Tungurahua se hizo presente, primero con talleres de capacitación y luego con obras para mejorar las vías de acceso a su parroquia. Pero el apoyo no solo se expresó en capacitaciones y vías, Anita piensa que más importante que esos aportes, fue la sincera visión de las autoridades que creyeron en las fortalezas de los campesinos, autoridades que los han acompañado en todos estos años y que les han sabido transmitir una nueva forma de entender el turismo.

Nuestra respuesta a ese apoyo se manifestó en un decidido trabajo para alcanzar lo aprendido, nuestra visión se consolidó en el desarrollo de turismo comunitario, que más que un discurso, en nuestro negocio se hace realidad. Anita cuenta como todos los productos que intervienen en la preparación de las truchas son cosechados en las fincas de la comunidad, ella resalta el hecho de que las fincas que participan están acreditadas como fincas agroecológicas; Anita con orgullo afirma que el éxito de su restaurante es a la vez el éxito de toda su comunidad, que desde hace varios años trabaja por desarrollar un turismo sustentable, responsable con la sociedad y responsable con la naturaleza.

¿Quiere llevar la paila o el cocinero?

Anita no lo niega, el impacto del COVID-19 fue terrible para el sector del turismo, fueron meses muy duros los que la comunidad tuvo que superar frente a la ausencia de turistas, sin embargo, ella nos cuenta como en esos meses la comunidad supo capacitarse para implementar protocolos de bioseguridad, con alegría nos cuenta que su restaurante tiene el sello de bioseguridad.

Anita nos cuenta como el COVID-19 sirvió para estrechar los lazos de trabajo del restaurante con las fincas y además los lazos con los clientes. Ella recuerda como al flexibilizarse las medidas de distanciamiento, los turistas se daban modos para llegar a su restaurante, no faltaba un marido goloso que le decía: “Vea por Dios ya atiéndanos, mi mujer por más que intenta, no mismo le sale bien las truchitas”.

Y es que su restaurante empezó a comercializar las truchas para llevar, así los turistas podían comprar truchas para prepararlas en sus casas. Frente a las insistentes peticiones, Anita aprendió a responder: ¿quiere llevar la paila o al cocinero? No faltaba quien le respondía: “mejor me la llevo a usted”.

De la mata a la olla

Anita aprendió bien que el desarrollo del negocio viene atado al fiel deseo de aprender, de abrir los ojos, de salir y explorar que hay de nuevo en los negocios similares que funcionan en otras provincias. Fue así como su esposo al recorrer el Ecuador, se dio cuenta que el turista buscaba una experiencia gastronómica completa. El turista quería no solo comer la trucha, si no que de hecho quería pescarla y participar en su preparación. Hoy en su restaurante la pesca recreativa es una actividad complementaria que toda la familia disfruta, en especial los niños que descubren todo el ciclo de vida de estos peces de agua dulce.

Hoy Anita María nos cuenta como las nuevas generaciones ya se están preparando para asumir las riendas de su proyecto comunitario, ahora cada uno de los jóvenes busca prepararse desde frentes distintos, ya no solo estudian gastronomía, ahora estudian marketing y administración.

Anita María piensa que el sueño de su abuelo y las enseñanzas de Monseñor Leonidas Proaño, encontraron tierra fértil en la parroquia San Miguelito, pues esta cuarta generación de campesinos está decidida a ser los protagonistas del crecimiento económico de su pueblo y además saben bien, que ese crecimiento solo es posible si la empresa es responsable con la sociedad y con la naturaleza.

Si luego de leer esta historia de turismo comunitario, ya se te abrió el apetito y estás preguntándote cómo será el sabor de los peces de agua dulce, es justo y necesario que desde ya empieces a preparar tu próximo viaje a la provincia de Tungurahua. Puedes estar seguro que tu visita no solo dibujará una sonrisa en tus labios, sino que además dibujará muchas pero muchas sonrisas en los labios de los campesinos de San Miguelito.

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