Café del Tren, Cevallos

La mejor comida típica de Tungurahua, te espera en la estación del tren de Cevallos.
 
 
 
 

¿Qué debes saber?

  • Este restaurante está ubicado en el interior de la estación del tren del cantón Cevallos, en la calle 29 de Abril y España.
  • Para llegar en vehículo desde el parque central, se debe tomar la calle Felipa Real con dirección Este, hasta llegar a la estación.
  • Para acceder a pie desde el parque central, se debe seguir por la calle 29 de Abril o Felipa Real con dirección Este.
  • Atiende de lunes a viernes de 07h00 a 18h00 y los fines de semana y feriados a partir de las 09h00 hasta las 21h00.
  • Ofrece almuerzos ejecutivos y a la carta, el precio promedio es de 3 dólares.
  • También ofrece colada morada, batido de higo y una gran variedad gastronómica.
  • Los platos están preparados para cuidar la salud, no se cocina con sal, azúcar ni frituras.
  • Los llapingachos, caldo de gallina y yahuarlocros, son los platos preferidos de la clientela.

Cocinando para 200 trabajadores

Los chefs y cocineros construyen sus relaciones con la gastronomía de maneras muy diferentes, hay quienes lo hacen a través de juegos, otros por obligación, hay quienes descubren en un hobby un oficio.

Sin embargo, estos caminos se marcan de manera diferente, en función del número de personas para los cuales se cocina. Una madre por ejemplo cocina para 3 o 4 personas, pero en esta historia, veremos como la protagonista, salto a la cocina de una fábrica de más de 200 trabajadores.

Rosa Villacís es una cevallence, que desde muy niña aprendió a cocinar, a los 13 años quedó huérfana, por lo que le tocó viajar a Milagro, donde vivía una hermana que tenía un comedor que atendía a los trabajadores del Ingenio Valdez.

Sus recuerdos infantiles se mezclan con los recuerdos de una ayudante de cocina, que pelaba papas y cebollas. Para que nos vamos a engañar, a Rosita, no le gustaba la cocina, o tal vez lo que no le gustaba, eran las órdenes.

Los 6 primeros comensales

Cuando a los 22 años, Rosita se casó y se mudó a vivir en la ciudad de Ambato, no dudó en ponerse su primer comedor. Arrancó con 6 comensales, que en 4 meses se transformaron en 40. ¡Y ahí sí, la cocina le gustó!

Pues para que nos vamos a engañar, Rosita era una líder, dispuesta a tomar al toro por los cuernos. A los 23 años, Rosita se dio cuenta que su niñez le había entrenado para atender a cantidades importantes de comensales, por eso buscó ofrecer sus servicios a empresa y fábricas, y lo logró.

Mientras su vida transcurría en Ambato, una oportunidad para acceder a un bono de vivienda, le obligó regresar a vivir en su antigua casa de Cevallos. Ahora sus días pasaban entre estas 2 ciudades y como era de esperarse, llegó el día en que se cansó.

Los giros del destino

Rosita eligió Cevallos y ya acomodada repitió la historia, en cuestión de semanas ya estaba al frente de una cocina.

Hoy administra 2 comedores, uno especializado para niños, todos los días alimenta a más de 80 niños y el otro, es el de la estación del tren, donde atiende a cientos de turistas que llegan a Cevallos con la curiosidad de saborear la comida típica de Tungurahua.

Rosita recuerda, como de niña hacía rabietas al entrar a la cocina, suspira, pues ahora, cada vez que pela papas y cebollas, lo hace con una sonrisa en sus labios.

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