El Gallo Pinto en Baños de Agua Santa

¿Quieres probar una gallina del tamaño de un pavo? no me crees, pues sí existen ¡y son las de Pinllo y riquísimas! Si estás en Baños de Agua Santa dirige tus pasos al Gallo Pinto; sucursal autorizada de las famosas Gallinas de Pinllo, en Ambato.
 
 
 
 

¿Qué debes saber?

  • Desde hace 4 años en Baños de Agua Santa, en la avenida Amazonas Km 4 vía Baños – Puyo, a 5 minutos del Terminal Terrestre, el restaurante el Gallo Pinto, ofrece las famosas gallinas de Pinllo. El Gallo Pinto, es una sucursal del tradicional restaurante ambateño Abaká, que desde hace 30 años se especializa en la preparación de las gallinas de Pinllo.
  • En Ambato, el restaurante Abaká, está ubicado en la parroquia Pinllo, en el barrio El Calvario, en la calle Quiteño Libre y Tomás Nieto.
  • Si ya te estás preguntando que es una gallina de Pinllo, debes saber que no se trata de una raza o tipo de gallina, se trata más bien de unas gallinas de gran tamaño, que los moradores de la parroquia de Pinllo en Ambato, crían de manera artesanal.
  • Las gallinas de Pinllo, forman parte del mapa gastronómico de la provincia de Tungurahua y se presentación es inconfundible, pues se sirven completitas en unas grandes bandejas blancas de porcelana; verlas pasar es todo un espectáculo y su costo empieza desde los 5.75 dólares.
  • En el Gallo Pinto, también podrás servirte almuerzos, parrilladas, borrego asado, truchas, tilapias, churrascos, yahuarlocros, caldos de pata, locros de papa, caldos de gallina, motes con chicharrón, los precios de estos platos oscilan entre los 4 a 8 dólares.
  • El restaurante atiende todos los días de la semana, de 11h30 a 18h00.

Las mejores gallinas para festejar

A lo largo del callejón interandino, el sincretismo de las tradiciones religiosas y las fiestas populares, se expresan de diferentes y fabulosas maneras. Por ejemplo, para todo bautizo, confirmación y matrimonio; luego de asistir a la iglesia, los invitados cuentan los minutos para saborear los platillos, que sin duda servirán para calificar la relevancia del acontecimiento.

Tal vez por eso; las familias durante todo el año, cuidan con particular recelo la crianza de cuyes, conejos, borregos y gallinas; en una divertida competencia en la que el nombre y prestigio de la familia entra en juego. Pero, luego de las fiestas, tal vez por la ruptura de un compromiso matrimonial, o algún conflicto familiar que malogró la planificación de la fiesta; decenas de estos mimados animalitos quedan disponibles, huérfanos de celebración.

Frente a esta disponibilidad de gallinas; en el otro siglo Ángel Pinto y su esposa Antonia Garzón, en el calor de su hogar comenzaron a cultivar una tradición gastronómica que trascendería su propia existencia. Fue la segunda generación de los Pinto, Edgar y su esposa María, los que en 1.992 abrieron las puertas del restaurante Ñucanchi Llacta que luego bautizarían como Abaká, en donde presentaron a la sociedad ambateña su plato estrella: Las Gallinas de Pinllo.

La presentación de este plato típico de la gastronomía ecuatoriana, es todo un espectáculo; primero por el tamaño de las gallinas que fácil pasan por un pavo; luego porque se sirven enteras en bandejas blancas de porcelana; en donde están bañadas de un rico y oloroso caldo que hace brillar los atractivos colores, que son una buena promesa del festín que se avecina.

Juan y María Fernanda son la tercera generación de los Pinto, y quienes tomaron las riendas de estos restaurantes que, desde Ambato y Baños de Agua Santa, son un claro referente del espíritu emprendedor de los tungurahuenses. Pero esta historia de éxito resume bien los ingredientes con los que se construyen los sueños.

Fe inquebrantable

Cuando en 1.992 los Pino iniciaron su negocio, no eran los dueños del local, no tenían un auto para transportar los insumos, y aunque usted no lo crea, no tenían un horno en donde cocinar a sus gallinotas. En realidad, no tenían nada más que una fe inquebrantable por sacar adelante su emprendimiento; esos primeros años les ayudaron a forjar el carácter que todo empresario debe cultivar, fueron años duros, pero como dice Juan, indispensables para entender el negocio.

Perseverancia infinita

Caerse una y otra vez; levantarse una y otra vez; eso es lo que aprendieron los Pino; cada uno desde la trinchera asignada; Edgar se graduó de chef, Antonia se especializó en administración y mientras María Fernanda atendía los clientes, Juan se encargaba del eterno ritual de llevar las gallinas al horno. Pero espera, esta tarea no era tan fácil como suena; para esto bien temprano todos los días, Juan colocaba en una canasta improvisada en la bicicleta de su padre, un montón de gallinas; y luego pedaleaba duro por las calles de Pinllo para llegar a los hornos de los panaderos, donde empezaría la creación del sabor. Luego le tocaba volver para llevar las ricas gallinas al restaurante. Richard Carapaz vería con orgullo al joven Juan, que más de una vez, salió volando por los cielos, junto a sus gallinas, cortesía de los huecos y baches de las descuidadas calles de su pueblo. Pero luego de cada caída, los Pinto se volvieron a levantar; y frente a las pérdidas de cerrar el negocio por falta de gallinas; antes que lágrimas prevaleció en ellos, la perseverancia infinita que solo los empresarios poseen.

Determinación absoluta

Largo es el camino recorrido por los Pinto, un camino que, a más de una decena de reconocimientos, ha sido premiado con la fidelidad de una clientela que los quiere y admira. Tal vez por eso cuando en el 2.004 la receta de sus abuelos fue reconocida como Patrimonio Gastronómico del Ecuador, los Pinto entendieron bien el rol que deberían jugar en el desarrollo económico de su provincia; antes que sentarse a festejar, estos tungurahuenses confirmaron la determinación absoluta que los empresarios necesitan para trascender.

Las gallinas de los Pinto, patrimonio gastronómico del Ecuador

“quien más que el gallo, para saber de gallinas; y quienes más que los Pinto, para saber de las gallinas de Pinllo”

Hoy desde sus dos locales, en Ambato con Juan y en Baños de Agua Santa con María Fernanda, los Pinto son la fuente de sustento directo de más de 10 familias y de una interesante cadena de valor que, a más de generar empleo, llena de orgullo a los tungurahuenses, pues las mejores gallinas del Ecuador y el mejor pan del Ecuador, son de una parroquia de Ambato, son de Pinllo.

Por eso, querida lectora, si estás de paso por Ambato o por Baños de Agua Santa, no debes perder la oportunidad de buscar a los Pinto, y pedir que te sirvan una gallina de Pinllo, eso sí, ve acompañada de toda tu familia, pues esta tradición pasada de abuelos a padres y de padres a hijos, es la mejor excusa para el reencuentro familiar.

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